El debacle de la balanza en el fútbol rentado

“El mundo del fútbol cada vez se parece menos al aficionado, y más al empresario”.

Por: Juan Diego Martínez Gil  20 de Agosto 2018  

El fútbol pasa de ser un deporte donde se brinda espectáculo, a una empresa de ganar o ganar, que solo le interesa la boletería y el mercadeo del equipo, ya en los intereses no prima el buen fútbol como lo define el aficionado, aquel que desde el pitazo inicial se muestra  gustoso y fino por medio de las habilidades individuales y colectivas de un conjunto, para llegar al objetivo de ganar el encuentro y dar una exhibición a los espectadores, sino que prima el marketing, y para el empresario surge la interrogante: ¿Cuánta hinchada vino al encuentro? Pero no es porque le interese que acompañen al equipo como un aficionado más, es porque le interesa el porcentaje que adquirió en cada boleta, en cada camiseta vendida, es decir, ya no interesan las asociaciones dentro del terreno de juego sino fuera de él.

(Cabe evocar el comentario de Marcelo Bielsa, Director Técnico del Leeds United de la segunda división inglesa de fútbol: “Los empresarios que se adueñan del fútbol, creen que los aficionados son asimilables a los 30.000 operarios que tienen trabajando, y un aficionado no es un operario, un operario trabaja, un aficionado siente. No se debe tratar al aficionado con los códigos de un operario, pero como el mundo y el fútbol es de los empresarios, estos nos tratan solo en función de la productividad de la que somos capaces de proporcionar”). Esto es, no importa las justificaciones que el aficionado tenga o sienta para ver un partido, importa es la productividad o el incentivo que este le proporciona al empresario.

No se trata de negar la importancia de la economía en el fútbol, ni en los equipos, se trata de mantener además la prioridad  de la pasión con que se vive y se juega este deporte.

La economía del futbol ha llevado a que el arbitraje sea cuestionado por sus decisiones y para ello implementaron el VAR (video assistant referee, árbitro asistente de vídeo) sin embargo, este sigue siendo aún una elección del árbitro, que deja grandes dudas a su ética y profesión de ser un réferi o autoridad imparcial.

La empresarización pasa a ser de un espectáculo, a una manipulación para beneficiar intereses propios, y así darle fuerza a un monopolio en particular, en Colombia por ejemplo, la FIFA abrió una investigación preliminar a la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) por la reventa de entradas para los partidos de las eliminatorias del Mundial de Rusia 2018. Y sin aún terminar las investigaciones del anterior mundial, se ve salpicado el expresidente de la Dimayor Luis Bedoya con el  “Fifagate”.

Desde la entrada de los equipos “chicos” al ascenso, se puede notar este interés de hacer dinero antes que realizar una buena campaña, la idea de algunos es “mantenerse” en la categoría y hacer lo posible para vender los jugadores destacados del equipo, no tienen proyecciones o hacer historia, algunos les resulta, a otros no les funciona y pese a los malos resultados, por no mantener un proyecto de equipo estructurado acaban descendiendo nuevamente.

El fútbol debe ser un deporte ejemplo para el mundo y sobre todo para los aficionados, y ya que en su mayoría son niños aún más, el fútbol debe ser un deporte guiado por la pasión y el sentimiento, no manipulado ni monopolizado por el poder.

La historia del fútbol apenas empieza, muchos hablan de saber de fútbol, sin embargo la empresarización tumbó las teorías y ya no basta el buen fútbol sino los ingresos y las utilidades anuales. Esto da razón a la salida y el ingreso de técnicos y jugadores destacados en el deporte, pero desechados por los empresarios una vez no cumplen con el objeto de ser generadores de riqueza.

Para finalizar hablemos de los cambios y reformas, los cuales primero son trabajados a nivel de Europa y luego empiezan a bajar hasta terminar en Suramérica, lo que hace la desigualdad e inequidad del proceso y del cómo se toma las decisiones en la FIFA.

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